lunes, 5 de noviembre de 2007

Persépolis

Aprovechando el reciente estreno de "Persépolis", la adaptación cinematográfica del cómic del mismo título, recupero una reseña de Acege del mismo.


Decía Paul Newman (que para conseguir el Oscar tuvo que esperar a su séptima nominación, viendo en las otras seis como se lo llevaban otros ante sus narices) que a fuerza de palos, uno aprende a controlarse y aceptar la derrota con cara de póker. A los aficionados al comic nos pasa lo mismo; tras años de soponcios y amarguras, uno entra en una librería, pregunta el precio de Persépolis, y en lugar de exponer en voz alta lo que pasa por su cabeza tal y como haría cualquier persona normal, a saber:

"¿Cuántoooooooo? ¿Dos mil quinientas púas por este cuadernillo de mierda? ¿Estás borracho, ladrón de los cojones? ¿Por qué no se lo vendes a tu puta madreeeeee?"

...se limita a permanecer impasible, sin mover un sólo músculo del rostro, y dar la respuesta acostumbrada:

"Ya...Bueno...Me lo llevo".

(Profesional que es uno).

Si el infierno posee diferentes niveles, tal como nos dicen los clásicos, no cabe duda de que en el más profundo de ellos, por debajo de pederastas, asesinos en serie, violadores, terroristas, genocidas y dictadores sanguinarios (todos ellos seres de mejor ralea) estarán los editores de comics, como justo castigo a su maldad. Y si la estupidez tiene grados, el aficionado a los comics se encontrará en la cúspide de la escala, con el recto destrozado por la sodomización continua (yo necesito un flotador para sentarme desde que empecé a comprar comics) sin tan siquiera la mísera vaselina que supondría una rebajita en los precios (aunque sólo sea por saber que se siente cuando no te roban, que debe ser bonito, oiga...).


Valga esta introducción como desahogo por el obsceno precio adjudicado por Norma ("Ladrones por Norma", ese es su lema) a este comic book en blanco y negro que, para colmo, es el primero de una serie de ¿cuatro? en lo que parece (que me corrija alguien si me equivoco) una maniobra más de la Reina de las Rapaces Editoriales para exprimirle el jugo económico a una obra que podría perfectamente haber sido publicada de un tirón, en un tomo tipo Maus,sin tanto estiramiento.

¿Es Persépolis un buen comic? Eh... Pues sí . ¿Merece la pena leerlo? Sin duda. ¿Es su precio un robo manifiesto? Sin ninguna duda. ¿Compensa su calidad el dispendio? Bueno, eso lo dejo a la elección del respetable. Lo que resulta evidente es que Persépolis no es uno de esos comics que se pueden comprar a voleo, "a ver qué tal" : jugarse alegremente más de dos mil cucas en lo que en la práctica es un equivalente (hablo de formato y características de edición, en lo demás no se parece en nada, claro) a un album de König tipo El Condón Asesino, cuyo precio no alcanzaría normalmente la mitad del de Persépolis, es una osadía propia de Bill Gates o acertantes de la bonoloto, apartados en los que me temo que no somos encuadrables ninguno de los desgraciados que pululamos por este foro :-DDD. De modo que, pese a que me ha gustado, no seré yo quien asuma la responsabilidad de recomendarlo sin reservas, para que luego alguno se acuerde de mis muertos si no le convence, tras haberlo pagado a precio de oro...


Ganador del premio al mejor guión en Angoulême y suscitador de elogiosos comentarios de fuentes tan serias como el diario francés Liberation (como se apresura a citar la banda publicitaria que acompaña al comic), Persépolis es una obra escrita y dibujada por una autora iraní de nombre algo complejo (Marjane Satrapi, o algo por el estilo) que recopila sus recuerdos infantiles sobre un período especialmente turbulento de la historia de su país: el que, con el 1979 si no recuerdo mal como punto de inflexión, contempló el paso de la dictadura monárquica del Sha a la dictadura teológica de Jomeini.


Testigo obligado de la confusión y el horror que desfila ante sus ojos, la jóven Marjane cuenta en primera persona, a modo de diario infantil, su visión de aquellos hechos y de la forma en que afectaron a su familia ya a su entorno. Se trata, en consecuencia, de un comic "testimonial" de tinte autobiográfico sobre acontecimientos reales e históricos; y esa, y no otra, es a mi juicio la razón por la que este comic ha despertado tanto interés en medios generalmente poco abiertos a la narrativa dibujada.


Hace poco hablaba en el foro de cine acerca del concepto de "cine necesario", aplicado por muchos críticos a aquellas películas que, independientemente de su calidad, por el simple hecho de tratar de temas "serios" e "importantes" como el paro, la injusticia social, la crítica a las dictaduras de la Historia o la denuncia de la corrupción gubernamental, basándose a menudo en hechos reales, ya merecen un trato de favor crítico frente a la "fantasía irrelevante" de otras películas quizá artísticamente más logradas pero que, al tratar de temas más "livianos", no son tan "necesarias" para educar a las masas, mostrándoles Las Verdades de la Vida.


No me cabe la menor duda de que, a ojos de los que generalmente miran al comic por encima del hombro, Persépolis es un comic "necesario", y que por eso ha alcanzado respetabilidad. Aquí no nos hallamos ante bobaditas de hechiceros, superhéroes, naves espaciales, animales parlantes y similares, señores míos; esto es Historia, esto es Denuncia, esto es Importante y Trascendental, como Maus o Gorazde. De ahí su repercusión entre Gente la Pera de Seria que sólo pierde su tiempo fijándose en un comic si tiene pedigree de Obra "Necesaria". De lo contrario, habría pasado sin pena ni gloria ante sus ojos, fijo.


Ahora bien, no vamos ahora en venganza a cometer el mismo error, negándole el pan y la sal a Persépolis por el hecho de ser un comic de Denuncia Histórica, Social y Política; eliminemos las mayúsculas, el bombo y el platillo, y valoremoslo como cómic, que es lo que es, consideraciones pedantes aparte. Y la valoración en mi caso es francamente positiva, hasta el punto de recomendarlo abiertamente si (repito) no considerase que su elevado precio es un abuso clamoroso y repugnante.


Satrapi no es una buena dibujante. Sus viñetas son rutinarias, sus dibujos planos y estáticos, poco expresivos, y en conjunto están en la onda, sirva como referencia aproximada, de nuestro Mauro Entrialgo (cuya agudeza como humorista y observador de la fauna urbana admiro sinceramente, no así su dibujo; para gustos...). Ahora bien, Persépolis tiene una ventaja; aunque su dibujo tenga la simplicidad del de una niña de nueve años, da la casualidad de que se supone que la obra reconstruye el diario de una niña de nueve años. Esto es, que esa carencia de soltura y creatividad gráfica, paradójicamente, encaja como un guante en las características concretas de esta obra, y contribuye a hacerla más creíble, asociada como está en su guión a una narración en primera persona de tono voluntariamente inocente, de adulto que reproduce los pensamientos ingenuos de una niña. Del mismo modo que el punto de vista de una mente incapaz de darse cuenta de toda la trascendencia de lo que ocurre a su alrededor impacta más que la de un adulto plenamente consciente de lo que contempla, también la viñeta que con trazo infantil reproduce la tortura de un preso político con una plancha ardiendo (sin que se vea sangre, sin impactantes onomatopeyas, sin el realismo detallista de un grafismo "adulto") impresiona más que su equivalente "elaborado", como impresionan más los dibujos torpes de un niño del que han abusado sexualmente que representa a su padre como un monigote monstruoso, por lo que implica de horror oculto, de huella a fuego dejada en un ser inocente, que cualquier fotografía relacionada con el tema.



Los dibujos sencillos de Satrapi logran, en consecuencia, el mismo efecto que los animales antropomorfos de Spiegelman : Mostrar el dolor, la injusticia, el miedo, la desgracia de todo un pueblo sojuzgado de una forma distinta al hiperrealismo gráfico que supuestamente requieren estos temas, pero no por ello menos estremecedora. Y es ahí donde radica su mayor mérito. Satrapi elude la pompa en su denuncia, el grito descarnado, la proclama rimbombante, y escoge la vocecita tenue, la mirada limpia y la mentalidad ingenua de una niña, de la niña que ella fue. No abusa de los datos históricos, de los grandes acontecimientos, y adopta un tono intimista, familiar, que se centra en cómo afectaron esos hechos trascendentales a su vida particular y a la de las personas de su entorno. Renuncia a la Historia, con mayúsculas, y opta por la historia, en minúsculas, la de puertas para adentro, como eje de su relato, lo cual le dota de un calor humano, de una emotividad que no tendría un enfoque más "documental".


El resultado es un testimonio conmovedor, hermoso y estremecedor al mismo tiempo, de las grandes miserias de nuestro tiempo, las que se dan, con diferentes matices y disfraces, en tantas partes del mundo, independientemente de que en este caso estén fechadas y localizadas geográficamente en Irán. Y son esos sentimientos los que hacen de Persépolis un comic en absoluto coyuntural o específico, sino universal y de interés general, que una vez más certifica la capacidad del medio como retratista de la realidad que le circunda, en este caso con unos métodos ajenos a los acostumbrados y quizá superficialmente (sólo superficialmente) "burdos" en apariencia, pero tremendamente efectivos. ¿Un comic necesario? Francamente, me la reflanflinfla. Pero sin duda un buen comic, aunque la avaricia repugnante de sus editores lo conviertan en un bocado exquisito y elitista para bolsillos bien provistos cuando debería repartirse gratuitamente en las escuelas.



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1 comentario:

Elisa dijo...

Muy buena crítica, me gusta el contenido, el tono y la sinceridad.